Durante las Fiestas de San Mateo, Logroño despierta con pasacalles, gigantes y ese instante simbólico del pisado de la uva, cuando el primer mosto se ofrece a la Virgen de Valvanera. La ciudad respira vino entre peñas, catas abiertas, gastronomía popular y una hospitalidad que invita a brindar con desconocidos que pronto se vuelven compañeros de mesa.
En la Ribera del Duero, el pregón inaugura jornadas que alternan catas, conciertos y desfiles de carros engalanados, con sedes que cambian entre Aranda de Duero, Peñafiel o Roa. El lechazo perfuma las plazas, los dulzaineros marcan el paso, y las bodegas abren caldos y secretos para quien llega con curiosidad y respeto.
Las voces de los mayores enseñan a mirar el cielo, a escuchar la brisa del atardecer y a entender por qué se corta alto o bajo. Cestos de mimbre, manos moradas y refranes transmiten prudencia y alegría: cosechar es agradecer, compartir y cuidar el paisaje que nos alimenta hoy y mañana.





